jamás sabría escribirte una carta infinita en papel escolar,
con líneas regulares, con ribetes a lápiz rosa y azul,
con festones de cuero y flores, llena de Des mayúsculas
(para Du, para Dein), de für uns subrayados con fuerza:
(una carta como aquella que curioseábamos el otro día,
en la mano de dos jovencitos, desde el piso superior del Bus 94):
ni siquiera aunque fueses aquella minúscula seudohawaiana-
berlinesa, sin senos, sin sujetador, que incautamente, se exhibía
para nosotros: (para nosotros, sentados y chupando un helado
de plátano bajo una banderita con la inscripción "EIS" de
un heladero galante que más parece un carnicero): ni siquiera aunque
fuese ese obsceno fauno de media edad que, ya, en verdad, soy:
mírame a la cara, por lo menos
cuando me cortas el pelo en el balcón, cuando estoy allí,
con el torso desnudo, bajo el vivo sol de mediodía, al viento:
me soñaba como un Hoffman
en delirio: cuando soy casi el sosia de un mediocre cómico inglés:
cómo se agarran de la mano, decías, aquel hombre y aquella mujer
que pasean juntos:
se trata de Tenti y de su esposa,
te lo he explicado: número de inventario 12547: (él es un sacerdote
de bajo rango): y te lo advierto: son de piedra colorada
y caminan dentro de una tumba:
Edoardo Sanguinetti, Wirrwarr. Visor, 1975.

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