
- ¿Por qué lo hacen aquí? - preguntó Ez-. ¿Por qué no en otro sitio?
- ¿Qué otro sitio?
- Mejor aquí que en la calle -dijo Jason.
Reynolds y Jason se rieron en voz baja. Jason dijo, como ratificando:
- Mejor que en la acera.
Ez aguardó pacientemente a que el regocijo remitiera.
- Les entra una compusión -explicó Reynolds-. Se les ve mirando alrededor, a la espera de encontrar otra mirada.
Por curiosidad, Ez preguntó:
- ¿Por qué les llamas reptiles?
Reynolds reflexionó mientras seguía comiendo.
- Son fríos, chico. No hablan. Uno sobre otro. No puedes despegarles, como a un perro con un hueso-. Hizo una pausa, sorbiendo su té-. Pregúntale a Jason. Es un experto.
Jason sonrió para sus adentros y siguió comiendo. Al cabo de un rato dijo:
- Son todos de por aquí, gente de oficina, hablan por teléfono, dicen algo a la secretaria, despiden, contratan, hacen cuentas, ganan dinero, chico. Cuelgan el teléfono, salen un momento, vienen aquí.- Señaló la dirección de las cabinas con un gesto de la mano-. Se reúnen ahí dentro.
- Quizá esa gente no es gay. Los gays no tienen que ir a esos sitios. Van a otros. Esos hombres tienen familia, están solos.
- ¿Familia?
- Reynolds me ha hablado de uno. Le ha visto entrar en la oficina. Es abogado o algo así. Le ha visto con su familia, le ha visto en un coche con su mujer y sus hijos.
Warwick Collins, Caballeros. Anagrama, 2002.

No hay comentarios:
Publicar un comentario