MANIFIESTO POÉTICO
Mientras no tenga el lápiz
curvaturas de hoz para segar el trigo,
rumor de cascos para horadar la mina,
devoción de machetes para abrir carreteras
no me sirve.Ya no estoy para rosas.
Si vienen a saber si estoy en casa
que no estoy para nadie;
mucho menos para esos menesteres
de cantar a la boca, a la libélula,
al sol, a la oropéndula,
a unos ojos remando.
Mientras no tenga el lápiz
sonido de martillos levantando edificios
cantos de obreros en marcha,
ímpetu de azadón,
pico y máquina de coser,
mientras no venga mi lápiz
a decir las verdades del hombre,
la hilvanadera del sudor,
el carrete del hombre,
mientras venga a decirme solamente
de un agónico tacto,
no me sirve.
Ha de cantarse -esto es lo que se debe
señoritos poetas
de intocables perfiles
y cafés literarios-
al hombre por el hacha,
al hombre por el túnel,
al hombre por la huelga,
por la turbina,
por la válvula,
por el soplete,
por el tractor y el émbolo,
ha de cantarse al hombre por la ordeña,
por la siega,
por los claros oficios,
por la cabalgadura,
por el fierro de herrar,
por el volante
y el verano sudado
y la axila perpetua,
el muslo ejidatario
y el ombligo minero.
Puede el hombre si quiere,
con terquedad de péndulos
llegar hasta los huecos de un cuarto amanecido,
con saliva y cigarros
romperse una quijada,
puede hacer lo que guste.
Yo canto al zapatero,
al leñador,
al paria,
al hombre estrictamente situado en sus bolsillos,
y también -buenamente- si son buenos, les canto
al senador,
al médico,
al juez,
al gobernante,
puede el hombre, si quiere, torcerse;
yo proclamo mi corazón abierto
al músculo cargado de agobiados instantes,
al honesto viandante de cosas permitidas.
Mientras no tenga el lápiz
minas,
surcos,
arados,
caballos,
mecánicos,
taladros,
omóplatos doblados por linternas en marcha
que se me olvide el pájaro,
la camelia y el trino.
Canto al hombre del mundo
por el dedo en las llagas de su estatua,
de su hambre y de su hombría;
si no tiene mi verso
sonido de martillos levantando edificios,
cantos de obreros en marcha,
ímpetu de azadón,
pico y máquina de coser,
si no viene mi verso
a decir las verdades del hombre
no me sirve.
Eso es todo.
Abigael Bohórquez, Acta de Confirmación. Arana, 1966.

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