"Tomaba mate hasta que se le enfriara el agua y después, dejando quietos sus ojos extraviados, ella también miraba sus recuerdos". Una mujer en su sala escucha los acordes finales de un tango que interpreta un pianista triste en un instrumento de principios del siglo pasado. Durante semanas esta escena se repite sin variantes. Ninguno de los protagonistas tiene intenciones de hablar.
¿Qué es la memoria? ¿Qué los recuerdos? ¿Cómo percibimos los estímulos mentales?
La memoria es una invención, es la ficción más arriesgada, es la tela que más sutilmente tramamos. El mapa de la memoria no es la realidad vivida: es un infierno detallado geográfica y cronológicamente. La memoria es un territorio que visitamos con temor: "Tenebroso es el pasado: nadie en la vigilia lo recorre" afirma Archibald McLeish. Sigamos un momento esta afirmación, ¿en qué momento podemos recorrer el pasado? ¿En el sueño? ¿Pero qué es el sueño? ¿En esa realidad tan parecida y tan distinta a la vigilia que es la poesía? (La poesía que estremece no las vanidades de los que escriben para ser homenajeados, los que quieren ser llamados poetas, esos que escriben para ser publicados). Si uno recorre su pasado en la poesía ¿no caemos en una trampa? La poesía es un artificio, la noción que tenemos del pasado es una reconstrucción: otro artificio. ¿Cómo recuperar nuestra vida a través del artifico de un artificio?
Los recuerdos son obras teatrales. Los personajes que creemos recordar son como esas nubes: en un momento animales fabulosos, en otros surtidores, en otros mares embravecidos. Los recuerdos son entelequias. Pero ¿quién no ha sido seducido por esas imágenes que llamamos recuerdos? ¿quién no ha sido sustraido del tiempo para sumergirse en otro tiempo? ¿quién no ha percibido que lo real es lo otro no lo que percibimos?
De ahí la grandeza del párrafo primeramente citado: un destello, un resplandor que choca con un verdadero abismo: "ella también miraba sus recuerdos". Esos dos personajes, la mujer y el pianista, no sólo se adentraban en sus respectivos universos mentales, sino que los conducían a su percepción de la realidad; convivían sus personajes, sus escenarios, su cronología, esto es su pasado, con el fluir de lo real: en ese cuarto existían para ellos dos el piano, los sillones, los candelabros, los insectos, el reloj y sus rememoraciones el amante que sube "las escaleritas" con otra mujer, el cantinero que encendía las luces al iniciar la música en un local atestado de ruido. ¿Qué es más vívido: el paisaje exterior o el paisaje interio?
El párrafo citado pertenece al libro Las Hortensias y otros cuentos de Felisberto Hernández. 2004. UNAM

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