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27.4.07

Adrede

Paul Auster menciona en el prólogo de una antología de poesía francesa que lo que algunos únicamente notan en dichos libros son las fallas, los tropiezos, los ausentes.
En el caso de Tigre la sed: Antología de poesía mexicana contemporánea 1950-2005 el lector está obligado a percibir los equívocos: no hay autor limpio de erratas: el caso más sobresaliente: Manuel Ulacia que en un poema colecciona cinco erratas; la selección de los textos es dudosa en varios casos: "Teoría del oso" ¿es lo mejor de Vicente Quirarte?, ¿de Marco Antonio Montes de Oca y José Luis Rivas únicamente es sobresaliente su primer poema largo?; en cuanto a los escritores: ¿es Víctor Manuel Mendiola más memorable que José Carlos Becerra, Isabel Fraire o Mario Santiago?
Incluso si uno lee este libro con la mayor buena fe queda desilusionado, con la sensación de que la poesía mexicana "contemporánea" es simplemente un remedo de la tradición.
El primer verdadero poema aparece en la página 168: "Visión" y una página después los únicos versos estremecedores de todo el libro: "Cante el barrio cuadrilongo, con caras de planchadoras y anormales en las ventanas;/ cante las bibliotecas donde el Nigromante hubiera podido apurar las tardes oyendo zumbar moscas o, alzando al techo la mirada aguda, abismarse en el Rorschach eficaz de las goteras, mientras lejos los tranvías arrastraban sus cadenas;/ cante el herraje supremo del museo -solitaria, el hipogloso -y, en la caligrafía parda de las etiquetas tantos pecados contra el Espíritu Santo./ Cante los textos al cesto, duelos y quebrantos, tácticas galantes que violan convenios de Ginebra. Y para mañana o pasado cante sobre todo la mierda, que es cosa nitrogenada y arrojadiza"
Tigre la sed. Hiperión. 2006. PQ7258 T54

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La libertad está en otra parte/ aquí sólo veo destierro Lear, Shakespeare, (tr. Nicanor Parra)