
Los días como plástico negro sirven para clavarme en el escenario. Soy un personaje-espectador cuya función es iniciar un diálogo, ser un puente en la trama. En ocasiones me olvido de esto; intento las grandes historias. Adquiero la enfermedad de los soberbios. Mira a dios, cansado de que sus ficciones creen ficciones que lo opacan, manda una réplica suya a la tierra con el fin de que los hombres escriban un libro y así poblar varios milenios de mitología.
Dejemos.
Extraño, por ejemplo, salir los domingos a las once de la noche a buscarla con un paraguas horrible y una chamarra verde; me decía sus horas en el trabajo, las cuatro películas que soportaba. Extraño sus correos donde blandía mis iniciales, sus cartas sin orden y con la caligrafía nerviosa.
Por las tardes me gusta caminar cerca de una alambrada donde encuentro tallos con formas extrañas y reptiles azules. Sigo escuchando casi la misma música de hace años. Veo las películas que tú te negabas a ver.
No tengo fotografías para enviarte. Para hacerte una idea busca una imagen de Georges Perec.
JP

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