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21.4.08

Detrás del muro sólo hay muñeco de nieve. Jorge Posada, SLP.


Al despertar encuentro frases que parecieran no tener sentido. ¿Cuándo he visto nevar? ¿Cuándo tendré la certeza de que unos niños armaron un muñeco detrás de un muro? Quizá, sea un recuerdo de un relato de Andersen, una historia tristísima, allí había también un perro y una caldera, el temor a la intemperie, a envejecer. Pero esto es una explicación torpe. La frase simplemente se me presentó en el cerebro y ya.


Me gusta escribirte, me gusta saber que tú no has alcanzado mi edad. Que permaneces como ese niño que temblaba frente al pizarrón y que a veces en el sanitario de la escuela orinabas el piso y las paredes. Tienes la edad donde comencé a desconfiar de las personas, a evitar su contacto. Te imagino con el uniforme (suéter azul y pantalón gris) y con tu rostro casi triste. Sé que esperas los jueves para encender el radio y escuchar la música que según el locutor escuchan los jóvenes de la capital. Me inquieta saber si aún conservo algo de ti.


También le escribo cartas a otras personas. Hay una muchacha a la que no he visitado en años y a la cual le dedico algunas líneas cuatro veces a la semana. Ella me contesta con algunos días de retraso, la imagino pensar lentamente cada palabra, reírse al saber que yo entenderé alguna de sus alusiones. Hay dos mujeres con las que mantengo una correspondencia telegramática, como si nos comunicáramos a disparos, con balas que nunca dan en el blanco.


Pienso en mi edad. Y sí, lo más demoledor es escuchar en una estación de adultos contemporáneos a Nirvana. Como si mi adolescencia se pudiera resumir en tres minutos y con un comentario patético al final: "Bien amigos, este fue uno de los éxitos de 1992, In bloom, espero que les haya traído buenos recuerdos". Carajo, ¿qué tiene en la cabeza alguien que dice algo así? ¿Qué muchacho a los doce años y que le gustara el grunge podría pasarla bien? Tal vez me instalo en el papel que realicé a esa edad: paranoico depresivo sin ningún antecedente.


Ahora me retiro
JP.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Acaso alguna vez no estuviste pendiente del tiempo que pasa? Creo que yo nací vieja, siempre tuve esa conciencia del tiempo que avanza sin detenerse... siempre.

 
La libertad está en otra parte/ aquí sólo veo destierro Lear, Shakespeare, (tr. Nicanor Parra)