
Desgraciadamente, no basta, no.
No es mala cosa ser un respetable padre de familia,
ni pagar religiosamente los impuestos.
ni entregarle tu abono mensual a la oscura cajera de una empresa (yanqui).
Ni darle veinte centavos de propina al que te limpia los zapatos.
Ni saludar ceremoniosamente al engolado señor a quien detestas.
Ni rodearte de libros, de cuadros, de discos.
No, no es mala cosa, no. Pero no basta. No es suficiente.
Tú quieres más. ¿O quieres menos?
Y emborrachas cuaderno tras cuaderno.
Hay algo en ti, una raíz oscura que se enrosca en tus células, y te sorbe la savia, y te angustia, te llama.
Hay algo en ti. Algo que quieres tratar de hacer, que a veces haces, sin que nadie te exija, te pida que lo hagas.
¿Por qué, entonces, te gangrena la sangre una raíz extraña?
¿Por qué quieres hacer aquello para lo que, seguramente no estás dotado?
¿Por qué escribes?
¿Para qué?
¿Para quién?
¿Quién te impulsa, te obliga?
¿Quién te llama?
No, no basta ser un excelente padre de familia para ser un poeta.
Ni pagar los impuestos. Ni ser de izquierda, de derecha o de centro.
Desgraciadamente, no basta, no.
Así emborrones los pliegos por millares. Así publiques tus versos por millones.
¿Por qué no te arrancas de cuajo la oscura raicilla?
¿Por qué no dedicas más horas a jugar con tus hijos?
¿Por qué no te lustras tú mismo los zapatos?
¿Por qué no, carajo?
ESPAÑA 1961
Quizá lo mejor hubiera sido meter la cabeza en el agua del lavabo hasta asfixiarnos,
o acercarnos al potro de belfos temblorosos y dejar que sus cascos nos moliesen el cráneo,
o machacarnos el corazón con una piedra como si fuese acaso la peor alimaña.
Porque ni queremos a Dios sobre todas las cosas,
ni esperamos diplomas el día en que la muerte
se nos vuelva de pronto nuestra hermana carnal.
Hemos vivido siempre entre las ruinas
y las ruinas se fueron haciendo de nosotros
y nuestro cuerpo es hoy una nube de polvo
que corre y se desplaza, y que gime las horas,
y que tropieza y grita por las playas.
Porque no queremos la compasión de nuestros hijos
ni la simpatía del Hombre
o el perdón de los tiranos.
Quizá lo mejor hubiera sido
machacarnos el corazón con una piedra como si fuese acaso la peor alimaña.
César Rodríguez Chicharro. UNAM, 1990.

1 comentario:
Me ha conmovido por completo...Quizá lo peor es tener que serlo todo queriendo ser todo lo mejor posible con eso que ni siquiera entendemos... Complicado...
¿Por qué no, carajo?
Nuestras heridas siguen siendo muy parecidas. Mi consuelo, igual, a veces, también es Pizarnik.
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