
Yo era un feto.
Mi madre me despertaba cuando le venía a la mente el señor de Riez.
Al mismo tiempo, a veces se despertaban otros fetos, hijos de madres golpeadas o que tomaban alcohol o estaban ocupadas en el confesionario.
Una noche, éramos setenta fetos que conversábamos de vientre a vientre y a distancia, no sé muy bien de qué manera.
Después no nos volvímos a encontrar.
LABERINTO
Laberinto, la vida, laberinto, la muerte,
Laberinto sin fin, dice el Señor de Ho.
Todo hunde, nada libera.
El suicida renace con un nuevo sufrimiento
La prisión termina en una prisión
El pasillo termina en otro pasillo:
Quien cree que desenrolla el rollo de su vida
No desenrrolla nada en absoluto.
Nada desemboca en ninguna parte
Los siglos también viven bajo tierra, dice el Señor de Ho.
EL LAGO CERCA DE LA ÓPERA
La impresión penetró tanto en mí que, ya despierto, no me despierto completamente, y sin duda no quiero hacerlo, tendría demasiado miedo de reencontrar una ciudad en la que de nuevo faltaría un lago.
Henry Michaux, Antología Poética. AH, 2002.

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