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12.2.08

No hi ha present: tots els camins són record o pregunta


Mírenme bien: soy el otro.
Cojo de ambos pies,
huraño y solitario.
De ninguna parte vengo
y escribo para sobrevivir.
Deshago caminos
pues no conozco atajos.
Retomo costumbres.
Si ahora pudiera yacería
por las orillas claras
con muchachas de piel oscura.
Mas he crecido
y alguien me llenó de vidrios toda la sangre.
Mírenme bien: cojeo.
No tengo más que
la voz que me representa.
Lanzo palabras
y las palabras me purifican.
Emergiré de mí mismo el día
en que un viento terrenal
me limpie los ojos. Son altas
las espadas de fuego
de esta lucha
que me mantiene derecho
contra el miedo y el sueño.
Mírenme bien;
míreneme bien: soy el otro.


No pido gran cosa:
poder hablar sin remedar la voz;
caminar sin muletas;
hacer el amor sin tener que pedir permiso;
escribir en un papel sin pautas.

O bien, si les parece mucho:
escribir sin tener que remedar la voz;
caminar sin pautas;
hablar sin tener que pedir permiso;
hacer el amor sin muletas.

O bien, si les parece mucho:
hacer el amor sin tener que remedar la voz;
escribir sin muletas;
caminar sin tener que pedir permiso;
poder hablar sin pautas.

O bien, si les parece mucho...



Lo más difícil, pues, es sobrevivir
con escamas de vidrio en las entrañas,
con plomo, en lugar de sangre, en las venas.
Sobrevivir: atarse los zapatos,
trabajar, hacer el amor, leer poemas,
ver envejecer a la gente, contar en voz alta,
con escamas de vidrio en las entrañas
y plomo, en lugar de sangre, en las venas,
sin sacarse los ojos, sin hacer pedazos
los sutilísimos espejitos del sueño
y chillar como un puerco, de miedo o de envidia.



Tal vez seríamos menos huraños
si no nos supiéramos confinados en una
recámara pequeña, escasas ventanas,
con muebles viejos y polvo y papelorio;
si a cada paso que damos no se levantaran los ecos
de presencias oscuras y siniestras,
si pudiéramos gritar sin miedo ni vergüenza.
Tal vez aprenderíamos a sonreír
y no nos romperíamos las uñas
arañando paredes, mientras ellos, afuera,
agitan cascabeles, lanzan proclamas,
mantienen el orden, lo joden a uno.


Miquel Martí i Pol, Veintisiete poemas en tres tiempos. Umbral, 2004.



1 comentario:

Anónimo dijo...

y lo que el de la voz poética jode a los demás qué?
el daño irreparable ?

claro, simpre habrá texto de seudo emancipación del victimario

 
La libertad está en otra parte/ aquí sólo veo destierro Lear, Shakespeare, (tr. Nicanor Parra)