
PALABRAS PARA HART CRANE
"Cuando le llovían los Pulitzer a cualquier imbécil
o ruin que llenara nuestras resecas fauces de jabón,
muy pocos se paraban a pensar por qué me dedicaba
a ligar marineros, y a arrojar los falsos
laureles de oro del Tío Sam a los pájaros.
Porque me sabía a Whitman de memoria,
tú, extranjero en América, di a mi país que yo,
Catullus redivius, en otro tiempo el furor
del Village y París, solía hacer mi papel
de homosexual, de lobo entre corderos extraviados
que merodeaban hambrientos la Place de la Concorde.
Por todo lucro obtuve un agujero en el bolsillo.
Quien pregunte por mí, el Shelley de mi época,
me ha de brindar su corazón como lecho y sustento."
MEDIANA EDAD
Ahora el rodillo del invierno
me aplasta, Nueva York
me taladra los nervios,
cuando recorro
sus calles desgastadas.
A los cuarenta y cinco,
¿qué se puede esperar?
En cada esquina
hallo a mi padre
con mi edad y vivo aún.
¡Padre, perdona
mis injurias,
como yo perdono
a quienes
he injuriado!
Nunca subiste al Monte Sión, aunque dejaste,
dinosaurio,
huellas de muerte en la corteza
que yo debo pisar.
EL NIHILISTA ES HÉROE
"Todos nuestros poetas franceses pueden lograr un verso inspirado;
¿quién ha escrito seis seguidos pasables?"
dijo Váley. Aquél fue un día feliz para Satán...
Quiero palabras arrancadas de la carne del animal vivo,
pero una llama fría de estaño flamea el tronco metálico,
bello fuego constaste de la niñez
que muestra la monotonía de su visión...
La vida por definición se nutre del cambio,
cada temporada nos hacemos con nuevos coches y guerras y mujeres.
pero a veces cuando estoy enfermo o delicado,
la llama gastada de mi cerilla se vuelve verde permanente,
tallo de maíz con cabellera verde y borla de semillas...
El nihilista quiere vivir en el mundo tal como es, pero
contemplar también las laderas imperecederas convertidas en cascotes.
EN CASA
Las sillas fijas se han tragado a los pacientes,
y hablan con la elocuencia del vacío.
Junto a ellas el diario de la mañana permanece intacto:
10 de enero de 1976.
No puedo permanecer sentado o de pie ni dos minutos,
pero camino imaginándome un diálogo
entre el diablo y yo,
sin saber quién es quién o lo que es peor,
diciendo,
como uno por rutina dice el Ave María,
Me quiero morir.
Menos que nunca espero estar vivo
dentro de seis meses-
1976,
una fecha que no me atrevo a poner sobre mi tumba.
La Reina de los Cielos, la echo en falta,
nos divorciamos. Ella no puso nunca en duda
que el alma dividida, lacerada,
pudiera llamarla María,
y hurtarse del demonio con sólo una palabra.
Robert Lowell, Por los muertos d ela Unión y otros poemas. Cátedra,1990.

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