
Mis contemporáneos dicen casi siempre
que no son moralistas y por eso
fuerzan a todo el mundo, aunque no quiera,
a ser libre, saludable y feliz:
prohiben el tabaco y el azúcar
y si sufren a veces, toman comprimidos
pues la alegría es cuestión de química
y conviene tenerla a horas fijas, como
el placer vigialdo por preservativos
y otros siempre obligatorios cinturones
de seguridad, para que un día puedan
sentir que mueren llenos de salud.
Fernando Pinto do Amaral.
Portugal: la mirada cercana. Hiperión, 2001.

No hay comentarios:
Publicar un comentario