JUNTO A LA AUTOPISTA URBANA
entonces, los mirlos de la Calle de los Macabeos
a las cinco de la madrugada, y
las ruinas vivas de la ciudad vieja,
una lluvia gris, como
este mayo de ahora
FUTURO
-menos cerezas: eso es todo lo que sabemos, hasta ahora,
del próximo verano, y porque
no haremos ningún viaje
y fracasará un proyecto de película, habrá que agregar a las incertidumbres
la certeza de que no
serán nuestras condiciones las que sirvan
para describir este verano: recurrimos, pues,
a las conservas, contemplamos
mapas y exhumamos viejas fotos; nada, no
se sabrá nada de cómo vivíamos ahora-
Jürgen Becker
ESTAMPA ELEMENTAL
Una muchacha
con medias
negras,
qué delicia, cómo
se acerca
sin carreras en las medias.
Su sombra
en
el suelo,
su sombra
en
el muro.
Qué delicia, cómo
se aleja
en medias
negras
sin carreras
hasta debajo
de la falda.
UNA VEZ MÁS
Mi mujer,
apoyada en una
pierna, desnuda,
la otra
pierna apoyada
en el
borde de
la bañera,
quiere
saber qué
hora es
y veo
la pequeña
mancha de vello
entre sus
muslos
para ella
un lugar como
otro cualquiera
que lavarse
y pienso
por qué no
mientras que ella
vuelve a
preguntar, desnuda,
y cambia
la pierna de apoyo.
LUTO DE ENERO
De un alambre torcido
entre dos
árboles desnudos que
pronto volverán a
echar hojas, muy de mañana,
cuelgan,
recién lavados,
unos leotardos negros
por cuyas perneras
retorcidas se escurre el agua
y gotea sobre las losas
en la transparente luz de la mañana.
Rolf Dieter Brinkmann
( z e ) i ) ) ) t ) )
zeit=tiempo
Heinz Gappmayr
SUSTENTO DE PROFETAS
Cuando la langosta invadió nuestra ciudad
dejó de repartirse la leche y el periódico se asfixió.
Hubo que abrir las cárceles y poner en libertad a los profetas.
Entonces recorrieron las calles 3800 profetas
podían hablar impunemente y comer a discreción
de aquella costra saltarina y parduzca que llamábamos plaga.
Quién hubiera podido esperar otra cosa.
Poco después volvió a repartirse la leche y el periódico respiró de nuevo.
Los profetas llenaban otra vez las cárceles.
PUNTUALIDAD
En el piso de abajo
pega una mujer joven
cada media hora
a su hijo.
He vendido
por eso mi reloj
y me guío sólo
por la mano dura
de la de abajo,
los cigarrilos contados
al alcance de mi mano.
Tengo el tiempo bien medido.
TRES SEMANAS DESPUÉS
Cuando regresé del viaje
y entré en mi apartamento
vi en la mesa el cenicero aquel
que me había olvidado de vaciar.
Hay cosas que no tienen arreglo.
Günter Grass
21 poetas alemanes [Vol. 2, Antologador y traductor Felipe Boso]Visor, 1980.

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