Image Hosted by ImageShack.us

28.11.07

El violín explica la figura de Paganini, que de otra manera confundiríamos con un ejemplar rarísimo de hombre araña


Euríloco: Ulises ya no es Ulises. Ulises es un deseo, una nostalgia vagante. Usted, imagínese, toma un deseo, lo viste de capitán de marina y lo pone en un rincón: ¿vuelve a moverse? ¿tiene voultad? ¿emprende algo?... No: desea, sueña, anhela. Ahora, usted sabe bien que el deseo se retroalimenta solo, se fecunda solo como algunos moluscos. Cuando el deseo echa raíces tan fuertes en un hombre, éste ya no piensa en hacerlo realidad. ¡Al contrario! Tiene miedo, realizándolo, de estropearlo, de ver que se esfuma. Le diré: si obligáramos a Ulises a volver a su patria, le haríamos un pésimo servicio.


Méntor: Símbolos: menos que fantasmas... Mejor dicho: un anzuelo para fantasmas: los llaman, los evocan, los reúnen... Y son tan hospitalarios que acogen nuestros más secretos pensamientos...


Euríloco: ¡Qué tormeta de lujo! Yo, que mal que bien con el mar tengo cierta familiaridad, aquella vez sentía el hielo en las entrañas. Borracho, más borracho que si hubiera vaciado un barril de grappa. Dormíamos en un columpio. El mar, este viejo empolvado, agitaba miles de manos que nos aferraban aquí, nos arrojaban hacia abajo sobre los líquidos resortes de las olas madres. De todo había sobre la superficie de ese mar: hombres en bicicleta, locomotoras, trenes con todo y vagones, automóviles, familas enteras con el papá, la mamá, los niños y la sirvienta, casas de catroce pisos y chozas, bosques de encinas, hierba, prados...


Alberto Savinio, Capitán Ulises. Sextopiso, 2005.

No hay comentarios:

 
La libertad está en otra parte/ aquí sólo veo destierro Lear, Shakespeare, (tr. Nicanor Parra)