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18.9.07

Una P... Emperatriz

- Usted, según tengo entendido, escribe, ¿qué escribe?
- Me gustaría escribir poemas y ensayos -dijo en voz baja, como si le hubieran hecho una pregunta indiscreta.
La decepción ensombreció el rostro de la dama:
- Pero, quién se dedica hoy a la poesía. Su lugar lo ha ocupado la novela. ¿No ha hecho nada en esa dirección?
Estratis se sintió como en el banquillo de los acusados.
- Lo he intentado, pero creo que no sé narrar y, lo que es peor, no sé hacer descripciones. Tengo siempre la impresión de que basta con nombrar algo para que exista. Su ser lo mostrará por sí solo, con sus hechos. Supongo que por eso, cuando abordo una descripción se me antoja que las palabras pierden su valor, que se diluyen en la punta de la pluma. Y, ¿cómo llenar un libro sin descripciones?
La dama parecía sorprenderse o impacientarse:
- Pero, si ese algo no es persona; es, digamos, un paisaje, una cosa, sin hechos- que no actúa, mejor dicho-, ¿cómo comprender de qué se trata sin descripción?
- Me parece que todo lo que existe actúa -dijo Estratis. La aseveración sonó rara a sus oídos, como si no la hubiera hecho él mismo; se rió.
- ¿Y considera usted que los juegos de los poetastros sí tienen valor?
- El arte es difícil -dijo impasible Estratis- y muchos fracasan. Sin embargo, no encuentro otro modo de expresar mis emociones.
El desprecio había reducido la boca de la dama a la mínima expresión:
- ¿Y a quién le preocupan sus insignificantes emociones? Poesía auténtica sólo puede hacerla el profeta que da al mundo una nueva fe.
- Tengo la impresión de que eso es otra cosa -respondió Estratis-. No obstante, creo que si alguien consigue expresar verdaderamente las emociones que le causa el mundo, ayuda a los demás a no perder la fe que seguramente llevan dentro.
- Pero, ¿qué clase de emoción? ¿Cualquiera?
- Me parece que sí, que cualquiera.
- ¿Conque no tiene usted una concepción global del mundo?
- Mi concepción del mundo, si es que alguien la necesita, se mostrará al término de mi labor.
- O sea, del revés -respondió la dama-. Es terrible que todavía haya jóvenes que piensen así, todavía hoy; HOY.

Yorgos Seferis, Seis noches en la Acrópolis. Grijalbo, 1991.

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La libertad está en otra parte/ aquí sólo veo destierro Lear, Shakespeare, (tr. Nicanor Parra)