
creo que el pensamiento me vino
cuando tenía unos once años:
seré un idiota.
yo ya me había fijado en algunos del vecindario
a los que la gente llamaba "idiotas".
anque los miraban por encima del hombro,
los idiotas llevaban una vida muy tranquila:
nadie esperaba nada de ellos.
me imaginaba en las esquinas
con las manos en los bolsillos y babeando un poco.
nadie me molestaría
empecé a llevar a cabo mi plan.
primero se dieron cuenta en el patio del colegio.
mis compañeros se mofaban de mí, me insultaban.
hasta mi padre se percató:
"¡te comportas como un maldito idiota!"
y también una profesora,
la Sra. Gredis, de largas y sedosas piernas.
me dijo que me quedara después de clase.
"¿qué te pasa, Henry? cuéntamelo..."
me rodeó con los brazos y me recliné en ella.
"cuéntamelo, Henry, no tengas miedo..."
pero no dije nada.
"puedes estar así todo el tiempo que quieras, Henry.
no tienes por qué hablar..."
me dio un beso en la frente y yo bajé la mano
y rocé ligeramente una de sus sedosas piernas
la Sra. Gredis estaba muy buena.
casi diario me decía que me quedara,
todo el mundo me odiaba
pero me parece que ningún niño de once años
de la ciudad de los Ángles tuvo unas erecciones
tan estupendas como las mías.
Charles Bukowski, Poemas de la última noche de la tierra. DVD, 2004.

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