Existen libros que se escriben desde la certeza, libros donde la voz del escritor mantiene un ritmo y ninguna imagen, ningún verso la hacen cambiar de modulación. Otros libros dudan, hacen de la especulación su poética: cuestionar las palabras con que se escribe, cuestionar el sujeto lírico, cuestionar la existencia de lo escrito, cuestionar la existencia del que escribe.
"Me gusta vivir sin saber dónde me llevarán los sueños [...] Paisajes y espejismos de un paisaje que creamos. El horizonte y el paisaje, por donde todos se han ido, me hizo creer cuando la juventud desaparecía veloz y estusiasta". Si dudamos de la realidad que percibimos ¿dónde encontramos refugio? En la vigilia del sueño, en sus ficciones: "Mi vida dormía, un trozo era día y otro noche. En cada trozo algo semejante a mí, pero yo no semejaba a nada". Exiliados de la realidad y parias en el sueño en nada encontramos un asidero, nuestra existencia necesariamente será: "unos cuantos recuerdos, unas cuantas manos escondiendo mi rostro". Así los habitantes, los objetos, las atmósferas de las dos realidades "parecen tener su sitio, yo parezco tener ninguno". Más que parias, extraños, personas extraviadas, desubicadas: "No despierto, sólo imagino que despierto".
Los libros que se escriben con incertidumbre, con pesadumbre siempre estarán "condenados a la ruina".
Los fragmentos entrecomillados pertenecen al libro Copyright, LOM, Santiago, 2003 de la escritora Nadia Prado.

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