Héctor Viel Temperley.
Dos constantes en la poesía de Rojas: el ritmo y la indagación del cuerpo: ¿un mismo tema? ¿El aire no los contiene? ¿Qué eres tú? ¿Qué soy yo/ si no un cuerpo prestado/ que hace sombra? El erotismo (¿no somos un recipiente que busca el contrapunto en el otro?): Tú y yo somos dos tablas/ que alguien cortó en el bosque/ a un árbol milenario. ¿No estamos obsesionados con esa única que nos fue entregada en el viejo paraíso? Anoche te he tocado y te he sentido/ sin que mi mano huyera más allá de mi mano,/ sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:/ de un modo casi humano/ te he sentido. Una obsesión concéntrica que lo abarca todo: Juro que esta mujer me ha partido/ los sesos,/ porque ella sale y entra como una bala loca,/ y abre mis parietales,/ y nunca cicatriza. La obsesión duele al presentarse la muerte: No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,/ pero no puedo ver cajones y cajones/ pasar, pasar, pasar cada minuto/ llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver/ todavía caliente la sangre en los cajones. El dolor se torna en trémula palabra, en palabra que asfixia y recuerda: Más que por la A de amor estoy por la A/ de asma, y me ahogo/ de tu no aire, ábreme/ alta mía única anclada ahí, no es bueno/ el avión de palo en el que yaces con/ vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro/ de las que ya no estás, tu esbeltez/ ya no está, tus grandes/ pies hermosos, tu espinazo/ de yegua de Faraón, y es tan difícil/ este resuello, tú/ me entiendes: asma/ es amor.
Gonzalo Rojas, Man Ray hizo la foto, La Poesía, señor Hidalgo. 2005.

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