"Una mañana de miércoles, volviendo de correr, en el puente de la Ciudad Universitaria, ve a Juanjo en la otra acera, la que baja hacia el INEF bordeando los campos de deporte del SEU: Juanjo va en chándal, lleva una bolsa de deportes: salto atrás: ayer es siempre todavía: dos pulsiones (dejarle en paz -Juanjo no le ha visto- o abordarle). La decisión se toma sola: aterra a Durán por un instante la velocidad con que se efectúa esta toma de decisión, que parece automática, a espaldas de su propia voluntad, salvaje en su violenta irrupción, como un desastre natural."
Encontrar la sombra, los ecos, las antiguas caricias. ¿Negarse a revivirlo? ¿Tener la libertad de darle la espalda a aquello que nos hizo felices? "¿Qué me pasa? -rumia Ramón Durán mientras regresa a casa-. Ojalá no nos hubiéramos encontrado. Ojalá hubiera sido yo capaz, al verle, de no acercarme a él, de no desear besarle. Ojala... Pero -no obstante ser Durán un chico sencillo- la interpretación de lo ocurrido añadía a su corazón ahora una dimensión insospechada incluso para él mismo: de haberse detenido al ver a Juanjo al otro lado de la Avenida Séneca, bajando hacia el INEF, de haber suprimido, con un remoto gesto vengativo, su deseo de acercarse y abrazarle, nada habría ahora sucedido. El final de esta tarde habría sido el final de una tarde más, sin pena ni gloria, pero sobre todo sin pena. Esta tarde, sin embargo, recién acabada, había contenido, desde las cuatro hasta las ocho más o menos, su específica gloria de neón: las mamadas, las caricias, el sentirse penetrado por la fuerte verga de Juanjo, tan distinta de la polla boba de Javier Salazar. Eso sin duda había sido la gloria. la pena venía ahora como una factura que se presenta a los tres meses, como el vaciado de una tarjeta de crédito que da gloria usar sin pensar en nada más que en usarla durante tres meses consecutivos."
Hay recuerdos que encarnan, días en que la memoria deja su inmaterialidad. ¿Decidir por lo que fue la fugacidad o por el presente?
Las frases entrecomilladas pertenecen al libro Contranatura. Álvaro Pombo, Anagrama, 2005.

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