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2.3.07

Buscando frescuras

Juan Vicente Melo opinaba que el comienzo más potente de una novela mexicana era el de Crónica de la intervención. Daniel Sida (sic) se despereza (está en su sala) dirige la mano derecha al librero, toma un volumen de tapas negras y lee: Llegaron los cadáveres a las tres de la tarde. En una camioneta los trajeron -en masa, al descubierto- y todos balaceados como era de esperarse.
Soda (sic) se distrae, llama a uno de los gatos. Regresa el libro a su lugar, tose, se rasca la pierna izquierda, levanta la costra, sangra.
Las personas que lo escucharon podrían desmadejar el sonido de las palabras hasta convertirlas en astillas, en las lastras de polvo que se encuentran en los lugares muy antiguos, en las casas donde han muerto muchos hombres. La voz de Sada se conforma de hebras humanas: el ruido que logra Julio Estrada: la orfandad.
Animal rítmico, mounstruo sonoro. No un animal de fondo, un devorador de las tramas del lenguaje.
Seda (sic) abre, deforma, contamina el cuerpo de las palabras: busca un rugido, un estruendo: busca en todo caso la armonía: un conjunto de melodías, de pitazos, de tropezones; indaga en esa masa fonética para escapar. Un escritor que nutre su estilo de tal forma (Sí, pero no, porque, bueno, digámolso más de tajo: si se miden pesadumbres ¿cuál será más llevadera: el luto por corto tiempo o el ascua entre el "sí" y el "no"? Luego habría que imaginar cómo se cocían las cosas en las casas: ¿de una en una?, y particularizando... Para deslindar supuestos se retoma lo sabido: el trasunto flojeroso: Trinidad: su pesadilla: en la cual pudo morirse, pero despertó en el límite viéndose de arribabajo, y el chasco maravilloso: ¡qué bueno que no sangraba!) es porque pretende huir; huir de la soledad de la trama, de los personajes baldíos. Suda (sic) no desea permancer prisionero en los cuartos desiertos de las historias, pretende poblar sus párrafos de ecos: retahilas de conversaciones sepultadas: vueltas y vueltas de pláticas no ocurridas; una suerte de monólogo incesante y maniático de un hombre que teme encontrarse terriblemente solo.
Daniel Sada, Ver suceder. UNAM, 2001.

1 comentario:

Anónimo dijo...

... estar solo obliga a crear más allá de lo que uno ve y siente, vomitar idilios y mundos paralelos...morir más de una vez...y hacer la hora nalga de cualquier escritor.
saludos.

 
La libertad está en otra parte/ aquí sólo veo destierro Lear, Shakespeare, (tr. Nicanor Parra)