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20.3.07

Amé todas las pérdidas

Al leer a Gamoneda ocurre un estiramiento emotivo, una crisis perceptiva: sus versos tienden a un conflicto irresoluble: la pasión por la imagen y la exactitud de la visión contra el desgarramiento y la locura.
Un conflicto que deja trémulo al lector, el lector solo ante poemas inesperados, inasibles, aquí verdaderamente existe el aturdimiento del relámpago: Todos los árboles se han puesto a gemir dentro de mi espíritu al recordar tus bragas en la obscuridad, la luz debajo de tu piel.
Colisión de realidades: la vida sexual (incluido el deseo), la preocupación metafísica (no balbuceos de hombre encerrado sino de alguien que ha sufrido, ha gozado), la observación de la vida. ¿Por qué colisión? Porque en Gamoneda las temáticas se confrontan, dialogan sin concesiones; no se separan las preocupaciones, no se catalogan y dividen las obsesiones. Gamoneda no apuesta por los sistemas: una sección para las hondas preocupaciones, otra para los homenajes-plagios, una más para la eroticoliteratura y así hasta el infinito o hasta conseguir las cincuenta páginas necesarias para tener un poemario.
Venían sombras, animales húmedos que respiraban cerca de su rostro. No una poesía somnífero, una poesía violenta, contradictoria: En la pureza de los patios inmóviles él piensa dulcemente en los suicidas; está creando la vejez.
Gamoneda es quien mejor nos expresa: Pájaros. Atraviesan lluvias y países en el error de los imanes y los vientos, pájaros que volaban entre la ira y la luz.
Los versos en cursivas pertenecen al Libro del frío de Antonio Gamoneda, Siruela, 1992, PQ6657 A 56 L33.






1 comentario:

Anónimo dijo...

muy atinado artículo, pregutna; lo podré compartir en mi blog? mencionando el blog donde gue tomado...saludos

 
La libertad está en otra parte/ aquí sólo veo destierro Lear, Shakespeare, (tr. Nicanor Parra)