
En realidad se partió el espinazo para que su chiquita tuviera la oportunidad de ingresar en un colegio exclusivo, donde se codeara con gente de categoría. Por ejemplo, con las hijas de sus jefes. Clases bilingües, uniformes finos, muchas actividades extras para completar la formación de los alumnos. Fuiste feliz entre esa gente y, no obstante, al conocer cómo y en qué casas vivían tus compañeras comenzaste a generar el resentimiento que desde entonces fue el motor que dirigía tus acciones. ¿Recuerdas? Puedo verte de niña, Maricruz, con los ojos y la boca abiertos de par en par, admirando la enorme puerta de caoba labrada y cristales emplomados de la mansión de la primera compañerita que te invitó a visitarla. Los extensos jardines salpicados de árboles y flores, la alberca, las habitaciones en cuyo espacio cabría la mitad de tu casa, el ejército de sirvientes.
Eduardo Antonio Parra, Nostalgia de la sombra. Joaquín Mortiz, 2002.

No hay comentarios:
Publicar un comentario