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1.2.08

La sabiduría significa la parálisis de los brazos


A Miguel Ángel, después de la plática conseguí el libro.
Habrá que no soltar la novela, habrá que escribir y leer
a pesar y en contra de todo.


A mis topos hay que lavarlos y cepillarlos todos los días. Eso lo hace una ayudante especializada, una estudiante invernal, de 32 años, con su hijo hermafordita de catorce. Yo busqué en vano captar a una sodomita, pero sólo existen en los informes sicoanalíticos y en el Antiguo Testamento.


En los túneles peatonales tiendo a pensar: por aquí pasó Hölderlin, recientemente, y se detuvo a mirar los escaparates, ropa interior, cerámica, libros, un expresso. Estaba fuera de sí y por eso el tiempo no le importaba. Hace ya tiempo que murió Diótima, pero él no, y eso le duele.


Mi primo Francisco primero, de uno noventa y ocho, fue dictador de un diminuto país centroamericano. En lugar de trasferir a un banco suizo sus ahorros provenientes de los ingresos fiscales -yo habría sido su heredero más próximo y rezaba por una rápida revolución-, intentó cambiar el dinero por tiempo y se puso a volar ininterrumpidamente de oeste a este, ahorrándose un día en cada vuelta alrededor del mundo.


Mis sentidos son tres, y existo tan sólo como una suerte de pegamento para sábanas, en una sábana que yo no quería. Cuando empiece a aclarar, en nueve o diez horas, me mandarán al diablo tirando de la cadena.


Günter Eich, 50 topos. UNAM, 2007.

2 comentarios:

mangelacosta dijo...

Vaya, de 50 topos, tres. Eso ya es algo, sobre todo en alguien tan exigente como tú.
Ya después podremos hablar de las mil y una noches, o de los once mil falos, de las 20 mil leguas de viaje submarino, tal vez en esos te guste un porcentaje mayor.
Saludos.

Anónimo dijo...

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La libertad está en otra parte/ aquí sólo veo destierro Lear, Shakespeare, (tr. Nicanor Parra)