
Las dos puertas del mundo
están abiertas:
abiertas por ti
entre dos luces.
Las oímos golpear y golpear
y llevar lo indeciso,
y llevar lo verde a tu siempre.
¡Tú sigues siendo, sigues siendo
el hijo de una muerta,
consagrado al no de mi añoranza,
enlazado a una grieta del tiempo
ante la que me llevó la palabra materna,
para que una sola vez
se estremezca la mano
que en todo tiempo me oprime el corazón!
Paul Celan, De umbral en umbral. Hiperión, 1982.

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