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30.1.08

En otras palabras, especialmente de noche, cuando uno se abandona al autodesprecio


Miss Rudge tocó el violín. Cuando se encontraba interpretando una pieza, vio por el rabillo del ojo que un caballero entraba en el salone y puesto que todas las sillas estaban ocupadas, se quedaba de pie junto a la puerta. La pieza era larga y ella comenzó a sentirse un poco preocupada, porque se acercaba a un pasaje en que tenía que dar vuelta a la página sin interrumpir la ejecución. El hombre que tenía localizado con el rabillo de su ojo comenzó a moverse hasta desaparecer de su campo de visión. El pasaje se encontraba cada vez más cerca y su nerviosismo cada vez mayor. Entonces, en el momento exacto en el que tenía que volver la página, una mano surgió por la izquierda, se extendió sobre el atril y pasó lentamente la página. Ella siguió tocando y, una vez terminado el difícil pasaje, levantó la mirada girándose hace la izquierda para mostrar su agradecimiento. "Y así fue", contó Olga Rudge a un amigo mío "como conocí a Stravinski".


Joseph Brodsky, Marca de agua. Siruela, 2005.

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La libertad está en otra parte/ aquí sólo veo destierro Lear, Shakespeare, (tr. Nicanor Parra)