Viento (Haut-de-Cagnes)
A mí mi jode el viento,
aun si es literario como el Mistral que
pasa
por
mi
casa
y nombra los hoteles y los vinos
enredándome el pelo que yo quiero ordenar como una granja
cada yerba en su sitio, cada animal.
Cuando sale del agua trae arena, náufragos, tablones de naufragio
que dispone con calma entre mis ojos.
De los bosques: espinas, ramas altas y dardos y lechuzas
(De las calles de Lima: tierra,
tierra,
tierra,
un poco de vidrio molido).
Naturaleza muerta en Innsbrucker Strasse
Ellos son (por excelencia) treintones y con fe en el futuro. Mucha fe.
Al menos se deduce por sus compras (a créditos y costosas).
Casaca de gamuza (natural), Mercedes deportivo color oro.
Para colmo (de mis males) se les ha dado por ser eternos.
Corren todas las mañanas (bajo los tilos) por la pista del parque
y toman cosas sanas. Es decir, legumbres crudas y sin sal, arroz con cascarilla, aguas minerales.
Cuando han consumido todo el oxígeno del barrio (el suyo y el mío)
pasan por mi puerta (bellos y bronceados). Me miran (si me ven) como a un muerto con el último cigarro entre los labios.
Antonio Cisneros, Postales para Lima. Colihue, 1999.

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