
Pero el que huye no sólo se marcha de un lugar, sino que llega a otro. Y el pasado al que llegué a través de mis estuios era tan vívido como el presente.
Acabé reconociendo que, para poder sentirme a gusto a lado de una mujer, necesitaba que tuviera un tacto y unas vibraciones un poco como las de Hanna, que su olor y su sabor se parecieran a los de Hanna.
Sé que me pareció hermosa. Pero no puedo evocar su hermosura.
Bernhard Schlink, El lector, Anagrama, 1997.

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