
Pero cierta noche sobrevino aquello, aquello que ella ignoraba.
Fue como si del centro de sus entrañas naciera un hirviente y lento escalofrío que junto con cada caricia empezara a subir, a crecer, a envolverla en anillos hasta la raíz de los cabellos, hasta empuñarla por la garganta, cortarle la respiración y sacudirla para arrojarla finalmente exhausta y desembriagada, contra el lecho revuelto.
María Luisa Bombal, La amortajada. Seix Barral, 1984.

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