Transcurrieron tres horas. Frente a nosotros imágenes y secuencias. ¿Trama? Frente a nosotros sucedieron fragmentos de algo que podríamos llamar una realidad sublimada. ¿Una realidad ficcional? Lo que apareció en pantalla fue más conmovedor, más impactante que nuestra vida. ¿Acaso alguien prometió que nuestra existencia sería excitante?
Lynch en Inland Empire pareciera darnos las piezas que forman la estructura de la ensoñación, los vaivenes propios de la creación de una historia. No el producto terminado, no un film sino los hilos que pudieran formar el tejido, las escenas que pudieran ser definitivas. Quizá de ahí las contradicciones, los cambios de dirección.
David Lynch, Inland Empire. 2006.

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