Tanto en los ratos perdidos/ Tanto en los ratos hallados/ El alma/ Se acoda en el balcón// No bosteza. ¿Qué tendrá más importancia: los ratos inspirados, metafísicos y contemplativos de un poeta o los momentos de distracción, frustracción y despabilamiento? Incapaz de recordar/ Incapaz de olvidar/ Incapaz de cruzar al/ Otro lado/ O de soñarlo/ Ella/ Refugiada entre sus brazos/ Expira/ Y mira/ Por el ojo de la aguja. Alguien dirá: es un artificio del poeta manifestarse en el texto de manera desubicada. Sí, por supuesto, pero en el caso de Carmen Orrego, hay un artificio distinto hay un cuidado minucioso en colocar el centro fuera de su centro, en disolver la imagen no del todo ajustada, en desquiciar o cansar al sujeto lírico: No estaba para Machado/ Esa noche// No para la luna llena// No para tus manos// Menos para tus labios// En suma/ Me parece// Que para nada/ Esa noche/ Estaba. Incluso si alguien tiene un suceso la tragedia no existe, la reacción es mínima: Algo en el mentón/ Algo en la mejilla/ Algo de él/ Un tanto borrascoso/ Le erizó los vellos/ Le cerró los párpados/ Que a poco/ Dejaron de temblar. Incluso la propia existencia no es para tanto quizá sólo da para tres versos: Autorretrato/ Una oscura necesidad/ Firmada en blanco.
Los versos pertenecen al libro Poemas breves de Carmen Orrego, Cuarto Propio, Santiago, 2005.

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